El miedo en la mesa de poker

Cuando hablamos de “miedo” en la mesa de poker, hablamos en realidad de ansiedad, nerviosismo, preocupación, angustia… todos síntomas fácilmente identificables por cualquier jugador habitual de poker. Y no está mal (ni bien) sentir miedo, por lo que no debemos luchar para no sentirlo. Lo que debemos hacer es evitar que influya sobre nuestro juego y nuestra toma de decisiones.

Se puede aprender a no tener miedo, y se puede aprender a controlarlo lo suficiente como para que no nos delate ante nuestros rivales. Las señales que enviamos cuando tenemos muy buenas cartas, o muy malas, o cuando faroleamos, los “tells”, son evidentes para un ojo entrenado y perspicaz.

Lo primero que debemos hacer es identificar las situaciones que nos estresan y también descubrir cuáles son los efectos de ese temor, es decir, cuáles son esas “señales” que enviamos, aún sin quererlo. ¿Sentimos ansiedad sólo al farolear? ¿O también nos tensamos ante una mano fuerte?

Es habitual que en momentos de ansiedad se acelere el ritmo cardíaco, ya que el aumento del oxígeno en nuestro sistema circulatorio es el que nos permite estar más alertas en una situación atemorizante, o, más simple que eso, que requiere de nuestra plena atención, como una mano de poker complicada o la posibilidad de que un rival tenga un proyecto mejor que el nuestro. Esto se revelará de maneras que no podemos controlar, como la dilatación de las pupilas, pulso acelerado, respiración fuerte. Pero estos serán difíciles de detectar por nuestros oponentes. Y también se reflejará en movimientos que son mucho más fáciles de detectar, pero que sí podemos controlar: excesivo movimiento de las manos o las piernas, removernos en la silla, verborragia.

Una vez identificados, debemos aprender a vitarlos, usando técnicas de relajación y autocontrol que nos servirán, si no para alejar los temores, por lo menos para no “delatarnos” en la mesa de poker.